Muchas veces he dicho y se ha dicho que es algo fundamental emocionar a los clientes, mucho
y largo se ha hablado del marketing emocional o experiencial, pero en este caso voy a
proponer que no te emociones tú.
En el día a día de la empresa, tienes que lidiar con muchas situaciones difíciles e
incomodas, como proveedores que no te sirven a tiempo, clientes que se retrasan con los
pagos, colaboradores que no cumplen sus compromisos, y así un sin fin de situaciones, y el
peor favor que puedes hacerte es dejar que las emociones fluyan y tomen control de tus
acciones, porque facilitaría que dieras respuestas que seguramente no sean las que más
puedan ayudarte.
En este caso te sugiero que puedas dejar las emociones en el estado más neutro posible de
modo que puedas actuar desde el raciocinio y ser más consecuente con la situación que tienes
que manejar.
En los negocios hay momentos para emocionar y otros para racionalizar, aprovecha al máximo
cada uno de ellos.

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