Ni que decir tiene que de cara a los clientes, cambia totalmente la experiencia del vuelo en
este caso, o cualquier otra experiencia que los clientes vivan al interaccionar con una
empresa, lo que antes o después se termina trasladando a las cuentas de resultados, al
famoso ROI, al marketing del boca a boca, etc. sino que además se transfiere a la salud de
la empresa.
Las empresas tienen una salud que no puede medirse en una hoja de cálculo, una salud del
estado físico y anímico de las personas que la forman, las mismas que en un momento dado
pueden caer enfermas y aumentar los costes, o ser creativas e innovadoras y ahorrar gastos u
optimizar procesos, siendo así más competitivas.
Entonces podría asaltar la pregunta ¿de quién es la responsabilidad?
De todos, la sonrisa cada empleado debería poder traerla de casa, la sonrisa debería ser
fomentada por la cultura empresarial, la sonrisa debería ser un regalo que los clientes
hagamos a las personas que nos atienden, la sonrisa es un regalo de mínimo coste (solo un
poquito de energía y musculatura facial es precisa).
Además, los beneficiados somos todos, porque al final de cuentas, ¿Qué es la vida?
La vida es una experiencia, así que mejor vivirla sonriendo, a no ser que tengas otros
planes.

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